Encuentran una explicación genética a por qué algunas personas necesitan beber más alcohol que otras

Investigadores de la Universidad de Illinois identificaron un gen que modifica la liberación de dopamina en nuestro cerebro al consumir alcohol.

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Diversos experiementos han demostrado que algunas personas necesitan genéticamente más alcohol para sentirse embriagados. A partir de este conocimiento, un nuevo estudio señala que el consumo excesivo de alcohol puede ser moderado con medicamentos que corrijan ese desequilibrio entre individuos.

Los fisiólogos saben desde hace décadas que el alcohol estimula la producción de dopamina en el área tegmental ventral, que se encuentra en un núcleo céntrico del cerebro humano (e igualmente de otros mamíferos). Ahora, acaban de identificar también el camino exacto que pasa el alcohol para ocasionar placer: se trata de un canal iónico de potasio que es activado por el gen KCNK13, establecieron los investigadores de la Universidad de Illinois, con sede en Chicago (EE.UU.).

Su estudio, publicado en la revista Neuropharmacology, pone a prueba la hipótesis sobre el vínculo entre la capacidad de obtener placer del consumo de alcohol y el canal KCNK13, localizado en el cromosoma 14. El hecho de que este canal es menos activo en algunas personas en comparación con otras puede ser responsable de una mayor “predisposición a beber en exceso”, señaló Mark Brodie, uno de los coautores en declaraciones a Daily Mail.

Menos dopamina, más alcohol

Para ellos, realizaron diversos experimentos en ratones de laboratorio. En uno de estos, los científicos redujeron genéticamente en un 15 % el canal KCNK13 en el área dopaminérgica de algunos roedores, lo que provocó que estos bebieran entre un 20 y un 30 % más de alcohol que los que mantenía su nivel fisiológico normal.

“Creemos que los ratones con menos del KCNK13 en su ATV (área tegmental ventral) bebían más alcohol con el fin de conseguir la misma recompensa que saca del alcohol un ratón normal”, dijo el profesor Brodie. Según él, esto se producía “porque presumiblemente el alcohol estaba provocando una menor liberación de dopamina en sus cerebros”.

Desafío medicinal

Un test diferente permitió a los investigadores estudiar la respuesta neuronal al alcohol en el ATV en los roedores con menor presencia de KCNK13 respecto a la norma. Las neuronas de estos ratones modificados eran un 50 % menos sensibles al alcohol que aquellos que tenían los demás.

Brodie espera que estos hallazgos planteen un desafío “extremadamente emocionante” ante los farmacólogos, que podrían desarrollar medicamentos para tratar el alcoholismo a partir de este nuevo conocimiento.

Así, un fármaco capaz de prevenir que el alcohol se vinculara a este canal iónico podría “ser útil para bloquear algunas propiedades gratificantes del alcohol”. Accediendo a este canal específico, se podría moderar los efectos placenteros del consumo del alcohol sin afectar a la respuesta cerebral al placer general, estima el científico.

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