Científicos convierten escarabajos en cíborgs voladores que podrían salvar vidas en el futuro

Los insectos han sido convertidos esencialmente en ‘robots blandos’ con dispositivos artificiales incrustados. Según expertos, podrían ser utilizados en misiones de búsqueda y rescate.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Nanyang (Singapur) han convertido escarabajos machos adultos M. torquata (nativos de África) en bío-robots voladores controlables. Los científicos han logrado controlar las rutas de vuelo de los insectos implantando electrodos en cuatro de sus músculos de vuelo, de acuerdo con el estudio, publicado en Soft Robotics.

“En lugar de imitar la complicada cinética y los mecanismos de la locomoción de los insectos, un insecto vivo puede transformarse directamente en un ‘robot blando’ incrustándole dispositivos artificiales“, explica el estudio.

Los investigadores usaron pulsos eléctricos para dirigir los escarabajos en diferentes direcciones, y su aceleración podría incrementarse cambiando la frecuencia de los pulsos.

Más fáciles de controlar que los drones

Sawyer Fuller, de la Universidad de Washington en Seattle, quien no está involucrado en la investigación, señaló que se trata de “la primera demostración de que el movimiento de insectos se puede dirigir en la dirección deseada de una manera consistente”, según recoge New Scientist. “Demuestra que los robots auténticamente autónomos y bio-híbridos del tamaño de los insectos son una posibilidad técnica real”, subrayó el experto.

Los escarabajos podrían ser utilizados para salvar vidas en misiones de búsqueda y rescate, según apunta el medio. Los insectos son más fáciles de controlar que los drones y mucho menos costosos. Y a diferencia de los drones, pueden funcionar sin batería.

En lugar de construir escarabajos robóticos desde cero, los investigadores tuvieron que aprender cómo criar los insectos y mantenerlos en condiciones ideales. Si bien los experimentos no afectaron la vida de los escarabajos durante el periodo en que se llevaron a cabo ―de tres a seis meses―, se desconoce si sienten dolor.

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